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Jueves, Diciembre 8, 2022
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Mestizaje, racismo anti-indígena y plurinacionalidad

Macarena Bonhomme, académica del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chile (UA), envió una columna a El Centro en la que explica, según su visión, por qué en el país persiste una reticencia respecto de los pueblos originarios.

Se trata de un análisis que surge tras en amplio rechazo de la ciudadanía, a la Propuesta Constitucional que declaraba a Chile como un Estado plurinacional.

Macarena Bonhomme. Foto: UA.

Uno de los principales puntos de discordia en el debate constitucional fue el artículo 1 donde Chile se definió como un Estado plurinacional. Si bien en otros artículos se planteó a Chile como un Estado unitario y que forma un “territorio único e indivisible”, sigue imperante la reticencia a reconocer cultural y políticamente a los pueblos originarios.

Esto se debe a dos aspectos claves: en primer lugar, la construcción del Estado-nación, su presunción de estado “sin-raza” y la narrativa de identidad nacional que se concibe como mestiza; en segundo lugar, las implicancias de esta construcción histórica de la identidad nacional a nivel local, y que se observa claramente en las interacciones de chilenos con migrantes de América Latina y el Caribe, en barrios multiculturales.

A grandes rasgos, la premisa indiscutida por años ha sido que la sociedad chilena se define como una sociedad homogénea, producto de un intenso mestizaje entre los colonizadores europeos y los pueblos indígenas preexistentes.

¿Qué se entiende por “raza”?

En esta construcción de la identidad nacional chilena refuerza la creencia de que en Chile no hay racismo. Varias razones lo explican: una de ellas es la suposición errónea de que la “raza” se asocia exclusivamente con las poblaciones de origen africano y que las relaciones “raciales” se refieren a “negros” y “blancos”, lo que se ha visto reforzado por políticas migratorias que han restringido históricamente la migración “no-blanca”, al tiempo que han fomentado la migración europea.

Sin embargo, la creciente presencia de migrantes caribeños ha redefinido la identidad y las formas en que los/as chilenos/as se representan a sí mismos en términos “raciales”: se construye la “blanquitud” en Chile a nivel cotidiano y la “raza” -entendida como construcción social- sigue permeando la vida cotidiana.

A partir de un estudio etnográfico (Bonhomme, 2022) realizado en un barrio multicultural de clase trabajadora, pude observar que la reivindicación de una “blanquitud” les permitía reclamar un estatus superior frente a sus vecinos migrantes. Este discurso es consistente con el proceso de construcción nacional realizado por los estados latinoamericanos y el trabajo de Mónica Moreno Figueroa de la Universidad de Cambridge es particularmente útil para comprender este fenómeno histórico.

La autora sostiene que el proyecto racial del mestizaje ha significado que se siga reproduciendo el racismo. La necesidad de establecer diferencias con migrantes de la región permite que se rechace a nivel local lo que el Estado-nación chileno históricamente ha buscado disolver: la ascendencia indígena que es parte de esta identidad mestiza.

No es de extrañar, entonces, que la plurinacionalidad fue uno de los aspectos más controversiales en los debates sobre la nueva constitución porque implicaba reconocer la diversidad de la sociedad chilena y que no es y nunca ha sido blanca y que, como toda identidad racial, ha sido construida socialmente.

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